En medio del debate global sobre la descarbonización, Argentina apuesta por una estrategia pragmática: duplicar la producción de gas y petróleo destinada a la exportación en los próximos cinco años, una decisión clave para mejorar la balanza comercial y fortalecer la macroeconomía. “El desafío no es dejar de producir hidrocarburos, sino reducir sus emisiones con eficiencia, tecnología y mecanismos de captura”, afirmó Roberto Carnicer, Director del Instituto de Energía de la Universidad Austral.
¿El impacto ambiental? Mínimo. Según el inventario nacional 2022, el país emite el 1% de CO2 equivalente del mundo. Del total argentino, 50% corresponden al sector energético y solo el 6% (0,024 Gt) son emisiones fugitivas asociadas a producción y transporte de gas y petróleo. Duplicar la producción para la exportación implicaría un aumento de apenas 6%, volumen que puede compensarse mediante captura natural y eficiencia. Recordemos, como en 2022 y recientemente ha publicado la NASA, que Argentina, mediante mediciones satelitales, no solo no emite, sino que absorbe emisiones, metodología todavía no adoptada internacionalmente, pero que es una realidad.
El contexto
global refuerza esta visión, y en especial para los países en desarrollo: entre
1970 y 2024, la demanda energética mundial se triplicó, pasando de 200 a 650
exajoules, mientras el carbón mantuvo una participación constante del 27% en
dicho período. Asia, para crecer y ser hoy motor del comercio internacional,
pasó del 15% al 49% del consumo energético global, con matrices de demanda
dominadas por el carbón (50%). A pesar del gran esfuerzo de consumo de energías
naturalmente no contaminantes en carbono, el crecimiento mundial exige energías
asequibles manejadas con inteligencia. Así como la tecnología es la esperanza
para un mundo con menos emisiones, la misma ya participa para lograr
hidrocarburos sin emisiones (captura y soluciones basadas en la naturaleza,
eficiencia energética, electrificación segura) acompañando a todas las
energías.
Argentina,
además, cuenta con ventajas únicas: extraordinarios recursos de gas y petróleo,
potencial solar y eólico, vastos territorios para forestación y reforestación,
es absorbedor de emisiones, lo que hace que tenga capacidad para competir en
mercados internacionales de bonos de carbono. ‘Tenemos recursos extraordinarios
para crecer y, al mismo tiempo, avanzar hacia las cero emisiones netas con un
camino propio y realista’, concluye Carnicer.


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