En General Deheza vivimos una situación llamativa —y preocupante— para quienes trabajamos en los medios de comunicación. Ayer, en el municipio, se llevó a cabo el descubrimiento del cuadro del exintendente Franco Morra, un acto institucional tradicional que forma parte de la memoria política de la ciudad: cada mandatario que culmina su gestión deja su retrato en la Sala de Intendentes, antes Concejo Deliberante.
Sin embargo, esta vez el protocolo tuvo una particularidad: prácticamente nadie se enteró. Ni los medios, ni la ciudadanía, ni siquiera quienes seguimos de cerca la agenda institucional. La ceremonia se realizó a puertas cerradas, con la presencia exclusiva de la familia del exintendente y algunos funcionarios. La prensa quedó afuera, no por decisión editorial, sino por la simple razón de que nunca fue convocada.
Y este no es
un hecho aislado. Es parte de un patrón.
Una
Subsecretaría de Comunicación que trabaja de espalda a los medios
Lo más llamativo —y difícil de justificar— es que el municipio cuenta con una Subsecretaría de Comunicación integrada por al menos cuatro personas. Un equipo que, en teoría, debería facilitar el acceso a la información pública, anticipar la agenda institucional, generar materiales de calidad y garantizar que los hechos relevantes de la ciudad lleguen a la comunidad de manera oportuna y transparente.
Pero no ocurre.
Los medios locales recibimos, cada tanto, algunas fotos sueltas y un texto descriptivo mínimo, insuficiente incluso para armar una nota básica. No hay desarrollo informativo, no hay anticipos de agenda, no hay conferencias de prensa, no hay convocatorias. No hay estrategia.
La pregunta,
entonces, cae por su propio peso:
¿Por qué
existe un área de Comunicación que no comunica?
La
consecuencia: una gestión cada vez menos pública
Cuando las acciones de gobierno se vuelven actos íntimos, cuando se restringe el acceso a la información y cuando la prensa es tratada como un apéndice prescindible, lo que se pierde no es solo la posibilidad de cobertura: se pierde la transparencia.
La comunicación institucional no es un trámite burocrático, ni un favor a los medios, ni un espacio para difundir únicamente aquello que conviene. Es una función esencial del Estado municipal. Es el puente con la ciudadanía, el instrumento que permite conocer cómo se gobierna, qué decisiones se toman y qué sentido tienen.
No comunicar
es una forma de administrar silencio.
Y el
silencio, en política, nunca es inocente.
Un llamado
necesario
Como periodistas, como ciudadanos y como parte de un sistema democrático que se fortalece con información, es fundamental reclamar que el área de Comunicación municipal cumpla su rol. Hoy es la ceremonia del cuadro. Ayer fueron otros actos sin aviso. Mañana, ¿qué más quedará fuera del conocimiento público?
General
Deheza merece una gestión que hable, que explique, que abra sus puertas.
Una gestión
que entienda que la información es un derecho, no un recurso que se administra
a discreción.




