La economía
argentina atraviesa un proceso de transformación más profundo de lo que
sugieren los indicadores tradicionales, según un estudio elaborado por Ana Inés
Navarro y Marina Alvarez del Departamento de Economía de la Universidad
Austral, sede Rosario. Mientras las estadísticas nacionales muestran una
evolución moderada o incluso contractiva en algunos períodos, el análisis
regional revela una dinámica mucho más heterogénea: el crecimiento se concentra
en sectores y territorios específicos, dando lugar a lo que las especialistas
describen como “tres economías en una”.
De acuerdo
con el estudio, las regiones vinculadas a la energía y la minería lideran la
expansión, impulsadas por inversiones que oscilan entre los USD 200 millones y
los USD 7.000 millones por proyecto. En particular, el desarrollo de Vaca
Muerta y la creciente explotación de litio y cobre explican un crecimiento
sostenido en estas zonas, incluso en contextos macroeconómicos adversos.
En
contraste, la región centro —históricamente asociada a la agroindustria—
muestra una tendencia más débil. Factores como la volatilidad climática, la
evolución de los precios internacionales y la falta de previsibilidad en
materia de derechos de exportación afectan la capacidad de crecimiento
sostenido del sector. Esta dinámica se refleja en oscilaciones persistentes que
limitan su consolidación como motor de crecimiento.
El trabajo
también evidencia que sectores como la minería crecen a un ritmo
significativamente superior al promedio nacional, lo que refuerza la idea de
que los indicadores agregados, como el Estimador Mensual de Actividad Económica
(EMAE), resultan insuficientes para captar la verdadera dinámica de la economía
real en el territorio.
En esa
línea, los datos más recientes muestran con claridad esta divergencia. Mientras
la región sur, vinculada a los hidrocarburos, presenta variaciones mensuales
positivas sostenidas en torno al 0,5%, la región andina, asociada a la minería,
también crece de forma constante, aunque a un ritmo más moderado. En cambio, la
región centro exhibe caídas mensuales consecutivas pero que tienden a
desacelerarse, reflejando un proceso más complejo para la agroindustria, por
ahora.
A partir de
esta evidencia, los investigadores construyen índices regionales de actividad
económica que permiten observar con mayor precisión las diferencias en los
ciclos. Los resultados muestran que, aunque en el corto plazo las regiones
pueden atravesar fases similares, las tendencias de fondo divergen: la energía
exhibe una expansión sostenida desde 2021, la minería crece desde 2020 aunque
con menor impulso reciente, y el agro enfrenta una trayectoria más débil desde
2023.
Este cambio
en la dinámica productiva plantea interrogantes relevantes para la política
económica y el debate público. En particular, sugiere que la Argentina está
experimentando una reconfiguración de su matriz productiva, en la que sectores
tradicionalmente centrales pierden protagonismo relativo frente a nuevas
actividades vinculadas a los recursos naturales y la energía.
El estudio
también advierte sobre una limitación estructural: la falta de estadísticas
regionales actualizadas y comparables. La ausencia de datos consistentes a
nivel provincial dificulta el seguimiento preciso de estas transformaciones y
limita la capacidad de diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
En este
contexto, los especialistas concluyen que comprender la economía argentina
requiere ir más allá de los promedios nacionales y poner el foco en las
dinámicas territoriales. Allí, sostienen, se juega buena parte del presente —y
del futuro— del crecimiento del país.




