La nueva
medición de CB Global Data + Videns, realizada entre el 10 y el 15 de
septiembre de 2026, vuelve a mostrar un escenario complejo para el intendente
de General Deheza, Eduardo Pizzi.
El dato
central es contundente: Pizzi ocupa nuevamente el último lugar del ranking
departamental, con un diferencial de imagen de -3,4%.
La encuesta,
realizada sobre una muestra de 652 casos y con un margen de error informado de 4,1%,
registra para el intendente:
31,3% de
imagen positiva
34,7% de
imagen negativa
34% no
sabe/no conoce
3,4% de
diferencial de imagen
Es decir,
por primera vez en las mediciones que venimos siguiendo durante este año, el
porcentaje de personas que tiene una valoración negativa de Pizzi supera en 3,4
puntos a quienes tienen una valoración positiva.
De
febrero a septiembre: una posición que no cambia
El dato
adquiere otra dimensión cuando se observa la evolución de los últimos meses.
En febrero,
Pizzi ocupaba el 12° lugar de 13, con un diferencial de +1,7%.
En marzo pasó al 12° lugar de 14, con +2,3%.
En abril
cayó al 13° puesto, con apenas +0,4%.
En mayo
llegó al 14° lugar, con un diferencial de -3,5%.
En junio
había mostrado una recuperación y alcanzó +1,1%, ubicándose 13°.
Ahora, en
septiembre, vuelve al último puesto, con -3,4%.
La
fotografía que deja el recorrido es difícil de pasar por alto: el intendente no
consigue consolidar una recuperación de su imagen y vuelve a terminar en el
fondo de la tabla.
La
pregunta que la encuesta no responde
Hay algo que
debe quedar claro: una encuesta de imagen mide percepción, pero no explica por
sí sola las causas de esa percepción.
Por eso,
decir que Pizzi está último por determinada razón sería ir más allá de lo que
muestran los datos.
Pero el
resultado sí habilita una pregunta política y de gestión:
¿Qué está
haciendo la administración municipal para que, después de más de dos años desde
el inicio de su gobierno, la percepción sobre el intendente continúe ubicada en
los últimos lugares del departamento?
Y esa
pregunta no debería responderse solamente con comunicación.
Porque si el
problema fuera exclusivamente de difusión alcanzaría con comunicar más.
Pero una
gestión municipal se evalúa también por las obras que concreta, los servicios
que presta, la capacidad para resolver problemas cotidianos, la relación con
las instituciones, la atención de los reclamos y la manera en que explica sus
decisiones.
Más
comunicación no necesariamente significa mejor imagen
General
Deheza tiene una presencia permanente de la actividad municipal en redes
sociales y canales oficiales. Se informan obras, reuniones, gestiones,
actividades y anuncios.
Sin embargo, los números de CB plantean una cuestión que la gestión debería analizar:¿la agenda que comunica el municipio coincide con las preocupaciones de los vecinos?
Porque una
cosa es mostrar actividad y otra es conseguir que esa actividad sea percibida
como una respuesta efectiva a los problemas de la ciudad.
La
diferencia puede parecer pequeña, pero políticamente es importante.
Un gobierno
puede tener muchas publicaciones, muchas reuniones y muchas gestiones y, al
mismo tiempo, no conseguir que una parte importante de la comunidad valore
positivamente su administración.
El dato
más fuerte de septiembre
Hay un
cambio significativo respecto de las primeras mediciones del año.
En febrero,
el 61,5% de los encuestados había respondido que no sabía o no conocía a Pizzi.
En
septiembre ese porcentaje se redujo al 34%.
Eso
significa que hoy existe una mayor proporción de personas con una opinión
definida sobre el intendente.
Pero el
problema para la gestión es que, entre quienes sí expresan una valoración, la
negativa supera a la positiva:
34,7%
negativa frente a 31,3% positiva.
Es decir, el
crecimiento del conocimiento del intendente no se tradujo, según esta medición,
en una mejora de su diferencial.
¿Dónde
está la falla?
Aquí aparece
el verdadero desafío para la gestión Pizzi.
Puede
discutirse si las obras son suficientes, si los tiempos de ejecución son
adecuados, si las prioridades están bien definidas, si los servicios
municipales responden a las demandas, si existe suficiente diálogo con los
vecinos o si la comunicación oficial logra transmitir resultados concretos.
También
puede discutirse si existe una distancia entre lo que el Ejecutivo considera
logros y lo que la comunidad considera soluciones.
Pero hay un
dato objetivo que no debería ser relativizado: después de varios meses de
mediciones, el intendente continúa sin poder abandonar los últimos lugares del
ranking.
Y eso
transforma una encuesta aislada en una señal que la gestión debería analizar.
General
Deheza también tiene algo para preguntarse
La discusión
no debería quedar exclusivamente en Eduardo Pizzi.
También
corresponde preguntarse qué está sucediendo con la relación entre Gobierno y
comunidad.
Porque la
imagen de un intendente no se construye solamente desde el despacho municipal.
Se construye
en la calle, en los barrios, en las instituciones, en los servicios, en las
obras, en la respuesta ante los reclamos y en la confianza que el vecino
deposita —o no— en quienes administran los recursos públicos.
Por eso,
quizás el desafío de Pizzi no sea simplemente subir algunos puestos en una
próxima encuesta.
El desafío
es bastante más profundo: conseguir que aquello que la gestión considera que
está haciendo bien también sea reconocido como tal por una parte mayor de la
comunidad.
Mientras eso
no suceda, los números de CB Global Data seguirán funcionando como una señal de
alerta para el Ejecutivo de General Deheza.
Y septiembre
vuelve a encenderla: Pizzi está nuevamente último, con más imagen negativa que
positiva.



